
Bastian era un bebé. Vivia en casa de sus padres, ignorando lo que le pasaría en un futuro. Era feliz. Tenía todo lo que deseaba, y nada le importaba, pues nada comprendía. Hasta que sus padres le cambiaron la cuna.
Antes, le gustaba su cuna. Era un coche rojo muy brillante, el más bonito de los que él había visto. Pero ahora, más que no gustarle, le daba miedo y ganas de chillar y salir gateando de allí: la cuna era la boca de un payaso, que estaba pintado en el suelo. El payaso diabólico no tenía dientes, el pelo afro de color rojo, unos ojos en forma de cruz de suma, una risa diabólica y un vestido de colorines tétrico. El primer dia que lo vió, Bastian se desmayó. El segundo se puso a gritar y a
llorar desesperado, al ver la monstruosidad que le habían comprado sus padres. No quiso dormir en eso. Y se puso a dormir con sus padres.
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